“Quédate con la casa que se está cayendo y con ese toro cojo; los 2 te quedan perfectos”, me dijo mi esposo antes de marcharse después de casi 20 años juntos. Días después, un comprador ofreció una miseria por Bento, pero me negué a venderlo y busqué la opinión de un viejo criador. Tras revisarlo, el hombre aseguró que su cojera podía tratarse y me pidió buscar sus papeles. El problema era que demostrar lo que realmente valía exigiría dinero que yo ya no tenía.
—Quédate con la casa que se está cayendo y con ese toro cojo; los 2 te quedan perfectos —me dijo…