Cuando mis hijos me llevaron a una carretera desierta de Almería, descubrí demasiado tarde que aquella comida familiar era una trampa. Mientras ellos se alejaban con las llaves de mi casa, yo permanecía atada bajo el sol. «Aquí no vendrá nadie a buscarte, mamá». Cuando me rescataron, llamé a la Guardia Civil, pero un sobre secreto de mi difunto marido revelaría algo todavía más inquietante.
—Aquí no vendrá nadie a buscarte, mamá. Y cuando encuentren tus cosas, ya será demasiado tarde para reclamar nada. Aquellas…