La ambulancia se llevó a mi madre esa noche; al día siguiente regresé a su departamento y mi suegra ya estaba instalándose como si fuera suyo. “No desperdicies una casa vacía”, me dijo mientras movía sus pertenencias. Yo no la eché ni discutí: hice una llamada de menos de dos minutos y, horas después, empezó su verdadero problema.
—¿Tu mamá está internada diez días y de verdad vas a dejar vacío ese departamento tan bonito? ¡Qué desperdicio! Eso…