La trabajadora me dijo que esas 3 niñas no eran mías mientras esperaban con una bolsa. Alba ponía una silla contra la puerta mientras me soltaban: ‘Esas 3 niñas no son tuyas, Julián. Cuando crezcan, se marcharán y quizá ni recuerden lo que hiciste por ellas’. No discutí, las acogí a las tres y les di llaves. Veinte años después encontré 14 cartas de su madre sin abrir.
—Esas 3 niñas no son tuyas, Julián. Cuando crezcan, se marcharán y quizá ni recuerden lo que hiciste por ellas….