Durante varios amaneceres, el viejo panadero vio desaparecer siempre el mismo bolillo y decidió seguir al perro que se lo llevaba hasta un huerto abandonado. Allí descubrió que el animal alimentaba en secreto al hijo que no veía desde hacía 6 años, y recordó su propia frase: “Si te vas, no regreses cuando allá afuera te salga mal”. Sin llorar ni llamarlo, dejó otro pan frente a la puerta y se marchó. Al día siguiente, encontró una vieja taza de peltre esperándolo en el escalón.
Durante 12 amaneceres, a don Julián le desapareció el mismo bolillo: el más grande, el mejor dorado y el único…