Volví antes a casa y encontré a mi padrastro temblando bajo una manta mientras mi madre brindaba en un crucero con el dinero de sus cuidados. En la nevera había dejado: «Nos hemos ido unos días. Esto huele fatal. Arréglalo antes de que volvamos». No la llamé: bloqueé las cuentas y ordené cada prueba sobre la mesa. Entonces él me entregó un anillo y una pequeña llave.
Cuando Laura Serrano abrió la puerta del piso familiar en Alcalá de Henares, encontró a su padrastro tiritando bajo una…