Yo pedí llevarme la comida que iban a tirar para mi abuela. Todos reían con bandejas llenas mientras yo apretaba el delantal con hambre. Me gritó delante de 11 invitados: “¿Me interrumpes para pedir sobras?” No lloré, tomé el carboncillo y dibujé su silla vacía, y entonces una invitada palideció al ver mis iniciales.
La noche en que un multimillonario de Madrid llamó “limosnera” a su empleada de limpieza delante de 11 invitados, nadie…