Volví antes de Bilbao y encontré a mis trillizos riendo tras 11 meses, jugando a la cuerda con la cuidadora. Mi madre al teléfono ya ordenaba despedirla mientras ellos se aferraban a ella. Escuché: “Una empleada que hace de madre cree que tiene derechos de madre”. No grité, colgué y anulé la orden, y al abrir el móvil de mi esposa vi que esa cuerda era su último deseo.
Álvaro Montalbán regresó a su casa de Pozuelo de Alarcón convencido de que iba a despedir a alguien, pero 30…