Despedí a Daniel por llegar tarde 8 veces, pero horas después lo encontré bajo una lluvia torrencial cargando a su madre mientras él estaba completamente empapado. Yo mismo le había dicho: “Esta empresa no puede organizarse alrededor de tus problemas personales”. Detuve el coche, los llevé a casa y anulé su despido a la mañana siguiente. Pero antes de bajar, su madre me confesó algo que me dejó sin palabras.
—Mañana no vuelvas. Entrega la tarjeta de acceso y pasa por Recursos Humanos a recoger la liquidación. La frase cayó…