La desterraron por ser “estéril” y la dejaron morir congelada. Entonces el rey alfa se arrodilló en la nieve y susurró: “Tú llevarás a mi heredero”.

PARTE 3 —El padre —dijo el maestro Osler en medio del silencio sepulcral— es un pícaro cualquiera de los pantanos del sur.

Y el linaje de Alpha Cedric sigue siendo, como siempre lo ha sido, completamente estéril.

Cedric se quedó paralizado, con los ojos muy abiertos por el horror, y se giró lentamente hacia Rosalyn. —No… eso es mentira —balbuceó Rosalyn, con lágrimas en los ojos.

—Cedric, están mintiendo. ¡El bebé es tuyo! —Estéril, arrogante y un necio —se burló Alistair, inclinándose hacia adelante en su trono.

“Destruiste tu manada, rompiste un voto sagrado ante la Diosa de la Luna e intentaste asesinar a una mujer inocente, todo para dar refugio al bastardo de un canalla,

Porque tu propia sangre es demasiado débil para crear vida. Cedric parecía un hombre destrozado. Su mundo entero se derrumbaba en tiempo real.

—Mi rey, por favor. No lo sabía. ¡Me engañaron! —No te engañaron, Cedric. Te cegó tu propia incompetencia.

La voz era suave y melódica, y transmitía la aterradora autoridad de una Reina Luna. Genevieve se levantó. Todo el salón contuvo la respiración.

Lentamente, levantó las manos y apartó el velo negro. La mandíbula de Cedric se desencajó. La sangre se le fue del rostro.

—Genevieve —susurró, incapaz de comprender lo que veía. Ella estaba radiante e innegablemente poderosa.

La seda color medianoche se ceñía a la curva redonda e inconfundible de su vientre.

“Le dijiste a mi gente que yo era una rama marchita en un árbol moribundo”, dijo, con la voz resonando con el poder de su linaje despertado.

Bajó los escalones de mármol. Los guardias alzaron sus lanzas para protegerla, pero ella les hizo señas para que retrocedieran. Se detuvo a pocos pasos de donde él se había arrodillado.

—Mírame, Cedric. —Él lo miró.

Sus ojos se posaron en su vientre, y el aroma de su embarazo, mezclado con la abrumadora tormenta y el pino del Rey, lo golpeó como un puñetazo.

—Estás… embarazada —dijo con la voz quebrada, con lágrimas de desesperación y comprensión corriendo por su rostro—. —Sí —respondió Genevieve con frialdad.

“Nunca fui estéril. Tú simplemente nunca fuiste digno. Me arrojaste a la nieve para morir, y lo único que hiciste fue entregarme a mi verdadero amor.”

Me entregaste al Rey. Alistair bajó por detrás de ella y la rodeó con un brazo blindado por la cintura, con los ojos violetas fijos en Cedric.

“Ella lleva en su vientre al heredero del imperio de Iron Peak. Ella es vuestra reina, y la pena por intentar asesinar a una reina es la muerte.”

La gran espada salió de su vaina con un sonido oscuro y melodioso. Cedric se desplomó, sollozando contra la piedra, sin ofrecer resistencia.

Rosalyn gritó y tropezó, cayendo de nuevo en los brazos de los guardias. —Espera —dijo Genevieve, posando suavemente una mano sobre el brazo del rey.

—Se merece el hacha, Genevieve —gruñó Alistair—. No me niegues su sangre. —La muerte es demasiado rápida para un hombre cuyo único tesoro es su orgullo.

Sus ojos nunca se apartaron de Cedric.

Y en ese instante, mientras la sala la observaba, no sintió odio, solo un extraño y silencioso vacío donde antes habitaba el dolor.

💔“Cedric de Riverbend, te despojo de tu rango de Alfa. Te despojo de tu manada, de tu nombre y de tu lobo. Serás marcado como un exiliado.”

Pasarás el resto de tus días mortales en las minas de obsidiana del profundo norte, y excavarás la piedra con la que se construirá el reino de mi hijo.

Un jadeo recorrió la sala. El lobo de Cedric aulló su último grito en su interior, un sonido que solo los lobos podían oír.

“En cuanto a Riverbend, la manada quedará bajo protección real. Se les alimentará y se les asignará un nuevo Alfa que respete las leyes de la Diosa.”

Dirigió su mirada hacia la mujer que lloraba. «Lleva a Rosalyn al santuario del pabellón exterior. Cuando nazca el hijo de la villana, será desterrada».

Pero la niña será perdonada. Un inocente no debe pagar por los pecados de sus padres. Rosalyn se derrumbó, sollozando.

La misericordia era lo único que jamás había mostrado a nadie. Entonces, de entre la multitud, una figura encorvada dio un paso al frente y cayó de rodillas.

El anciano Thomas, el viejo lobo que una vez golpeó su bastón y le exigió que cayera. Su hocico lleno de cicatrices tembló. “Mi reina”, susurró con voz ronca.

“Aquel día golpeé las piedras. Proclamé la ley, pero en el fondo sabía que no habías hecho nada malo. Todos lo sabíamos.”

Fuimos unos cobardes.” Genevieve lo miró fijamente durante un largo rato. “Fuisteis unos cobardes”, asintió en voz baja. “Vete a casa, élder.

Alimenta a tu manada. Y enséñales a los jóvenes el precio de guardar silencio mientras se cometen crueldades a plena luz del día.

Lloró e hizo una reverencia hasta que su frente tocó el suelo. Alistair sonrió, una sonrisa genuina y profundamente orgullosa.

Envainó su espada y le besó la mano. «La reina ha hablado. Guardias, quiten de mi vista a esta escoria».

Cedric fue arrastrado fuera del pasillo, gritando su nombre, implorando un perdón que jamás llegaría.

Su voz se fue desvaneciendo por el corredor de obsidiana hasta desaparecer por completo.

🕯️Esa noche, Genevieve estaba de pie en el balcón donde los vientos invernales, que antes la habían matado, ahora se sentían como viejos amigos.

Alistair la envolvió en una piel de oso negra y la atrajo hacia su pecho. —¿Te arrepientes? —murmuró—. ¿La misericordia?

—No —dijo ella en voz baja—. Quería que viviera lo suficiente para comprender lo que había perdido.

No porque necesite su sufrimiento, sino porque ya no lo necesito en absoluto. Apoyó su frente contra la de ella.

—Eres más fuerte que cualquier guerrero que haya comandado. —Tenía una buena razón para sobrevivir —susurró ella, y puso su mano sobre su hijo.

Tres meses después, bajo el resplandor rojo sangre de una superluna, el llanto de un recién nacido rompió el silencio del ala real.

🌕Genevieve yacía exhausta en la gran cama carmesí, llorando lágrimas de pura alegría mientras Alistair colocaba en sus brazos un pequeño bulto envuelto en pieles reales.

El bebé tenía el pelo negro y espeso, y cuando abrió los ojos, estos eran de un violeta brillante e intenso.

El heredero de Pico de Hierro había nacido sano y fuerte.

Alistair se arrodilló junto a la cama, besó la frente de Genevieve y apoyó la cabeza en su pecho, escuchando los dos latidos del corazón de su familia.

—Gracias —susurró el poderoso rey con la voz quebrada— por haber sobrevivido.

Genevieve acarició la manita de su hijo, y sus dedos se cerraron alrededor de los de ella con una fuerza asombrosa.

En su mente, su lobo ronroneaba, completo y sin miedo por fin. La estéril Luna de Riverbend había muerto.

Larga vida a la reina Genoveva, madre del Imperio del Norte, la mujer que convirtió una sentencia de muerte en una dinastía.

👑🐺FIN (Nota: Esta historia es completamente ficticia y creada únicamente con fines de entretenimiento.

No representa a ninguna organización ni a ningún individuo, ni tampoco fomenta comportamientos inapropiados.

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Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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