PART 2: Volví antes de lo previsto y escuché a Don Álvaro decir: “Esa viuda ya no tiene nada que reclamar”. Mientras él brindaba tranquilo, mis hijos y yo acabábamos de perder nuestra casa. No lloré: agarré la carpeta y fui directa al juzgado. Pero antes de salir, una anciana ciega me entregó una llave oxidada y susurró que llevaba más de 30 años esperando ese momento.
Cuando los hombres de Don Álvaro Montalbán echaron a Clara Romero de su propia casa, ella estaba embarazada de 7…