PART 2: Volví a casa antes de tiempo porque mi hija de 9 años me llamó susurrando que ya no podía sostener a su hermano de 8 meses. La encontré agotada en el suelo de la cocina mientras su madre seguía fuera, y aún defendía: “Lucía es responsable para su edad”. No discutí: aseguré a mis hijos y guardé el segundo móvil que apareció en un cajón. Lo peor no era un mensaje, sino meses enteros de horarios calculados.
Javier Santamaría estaba en un centro de adiestramiento canino a las afueras de Alcalá de Henares cuando recibió la llamada…