PART 2: Volví antes de tiempo y oí a Álvaro negociar la residencia mientras yo, embarazada, seguía encerrada sin documentos. «La chica firmará cuando nazca el bebé», dijo entre risas. No lloré: llamé a la Guardia Civil y cerré la puerta para siempre. Entonces encontré una fotografía de mi madre en el desván y un anciano susurró: «Llevo 30 años esperándote».
La noche en que Irene llamó a la puerta de aquella residencia abandonada, llevaba 7 meses de embarazo, un labio…